El año en que no viajé

Cuenta la historia de un año en que no vi un avión, un año en que no hice una maleta, un año en que no sentí la emoción en el estómago de pasar la tarjeta por algo que no fuera material, por algo que llena más que un bufet. Cuenta la historia de un año en que los días pasaron y no sentí la madrugada hacia el aeropuerto, ni escuché los rodines contra el suelo, ni me subí a ese Vuelo Veintiuno. Pero han pasado muchas otras cosas más.

Todo empezó porque hace un año, alguien decidió ponerme un reto, sin saberlo. Alguien me quitó todo lo que tenía y daba por un hecho, las fotos que decía ‘’algún día las voy a poner’’; para que me diera cuenta que algún día no existe, que algún día es ya. Y resultó que no estaba lista, que en ese momento ni mi mente, ni mi cuerpo ni mi alma estaban en condiciones para levantarse de una caída tan fuerte y seguir adelante.

En cambio, emprendí algo más, algo que me doliera menos y me ilusionara sin pensar en la pérdida que había tenido. Porque así somos los humanos. Y así nació, mi también amado proyecto, The Weekly Picnic.

TWP me hizo ver muchísimo. Y honestamente este año, me he conocido y me he dado cuenta de más cosas de mi misma que en años anteriores. Me di cuenta que tenía que dejar ir a personas que me amarraban a creer que lo que yo soñaba no se podía o era demasiado costoso; y más bien aferrarme a la gente que me empujaba a volar. Y que muchas veces contar a esas personas, sobra con una mano y eso está bien. Todos estamos en una carrera diferente y lo hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos.

También descubrí algo que me llega mucho al corazón y me costó mucho aceptar y sobre todo hablar con ustedes de eso. Soy adicta a estar ocupada y estoy en proceso de cambio. Y esto es una realidad, yo no lo sabía hasta que un día leí esto sobre Busyness Addiction y me sonaron todas las campanas en la cabeza, como que me había ganado todos los bingos de la feria.

Esa era yo. Ballet desde los 3 años hasta los 20, llevaba 2 carreras, luego empecé a llevar de 8 a 10 materias por cuatrimestre, salí súper rápido de la universidad, empecé a trabajar y como no me llenaba me fui a España, en España empecé Veintiuno, volví a Costa Rica otra vez a trabajar y seguir con Veintiuno para adelante, hasta que muchas veces se sentía como una carga.Me robaron la compu, ¡bam!

La Alejandra que llevaba esta vida mega acelerada, chocó contra pared, quedó medio mareada pero en vez de tomarse un break, va y se inventa un viaje extraordinario al mundo del emprendedor, y sale con que quiere hacer TWP. Este día, que leí este artículo, vi toda mi vida en retroceso. Y dije ok, estoy loca. Algo aquí no está bien. Y de hecho, muchas cosas no lo estaban.

Pero bueno, ¿saben qué? No me arrepiento. Porque si no fuera esta cabra loca que soy, no hubiera hecho tanto de lo que estoy orgullosa. Y me di cuenta que soy fuerte, que le respondo a la vida, que no me paran las paredes y que mejor aún, las escalo como si hubiera entrenado 25 años para eso. Y aprendí que también tengo que celebrarme, y aprender a ver que las cosas que hacemos todos los días no son poca cosa. Somos unos champions enormes todos los días que salimos al trabajo, que damos la cara, que estamos presentes. Porque la vida no es nada fácil y todos tenemos nuestros issues. 

¿Sobre las cosas que no estaban bien? Pues, resolví un tema que había bloqueado por 7 años con una persona, y aprendí otro montón de cosas más. Como por ejemplo que la felicidad y el perdón, sobre todo el perdón, depende más de uno mismo que de los demás. Resolví temas amorosos y fue como descubrir el agua tibia. Me di cuenta que necesitaba más, que me merecía algo que me hiciera feliz y que yo iba antes que cualquier persona cuando se trataba de mi felicidad. Ahora tengo eso y más, soy sumamente feliz y aprendí a valorarme demasiado. Me veo bonita en el espejo hasta en los días que yo sé que probablemente no me veo bonita. Aprendí a valorarme y creo que eso hasta la gente lo nota. 

Me pasé a vivir sola. Tengo casi un año viviendo sola y fue la mejor decisión. También una decisión por la cual no viajé tanto este año. Porque pasa que cuando uno vive solo, las cosas cuestan un montón. Y ahorrar cuesta un montón y las verduras cuestan un montón y el shampoo cuesta un montón y el alquiler cuesta un montón. Y al final todo se apila y es simplemente un gran y enorme montón, que sale de tu bolsillo. Así que maduré, en todo sentido, razón por la cual Veintiuno cambió hasta de apariencia y ya no es tan volátil. Sino que es más yo. 

Una persona en proceso, que respeta su tiempo con ella misma, y que piensa que esta vez lo puede lograr porque ahora cree en ella. Y si han leído hasta acá, espero que se suban a mi vuelo. Con turbulencia, con rayería, con la azafata como en tobogán por el pasillo de vez en cuando. Con todo y todo, pero volando, entre las nubes, en este Vuelo Veintiuno.

¿Les suena?

Cheers, y por muchos cheers más entre viajeros!

2 thoughts on “El año en que no viajé

  1. Digamos que me llego! Aveces se nos va tan rápido la vida! Y se nos va porque nosotros así lo queremos! Porque le entregamos nuestra alma a personas tóxicas que nos consumen día con día! Y esooo no debe ser así! Lo qué pasa es que no nos damos cuenta de cuánto valemos haSta que es tarde!
    Que chiva que pudiste arreglar todo ( bueno algunas cosas ) en tu vida! Eres una persona resiliente! Así que ve por mas! Pero nunca olvidando que primero debemos amarnos nosotros mismos! 💕

    1. Me acabo de encontrar este mensaje y fue lo más lindo y lo que necesitaba en mi día de hoy. Te agradezco muchísimo las palabras y me alegro que te haya llegado y me lo hicieras saber! Gracias gracias gracias, un abrazo de amor propio para vos!

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